No siempre es el cuerpo el que se cansa primero; a menudo es el interior. El año puede avanzar mientras el alma se va quedando atrás. Por eso, antes de ajustar la agenda, es necesario escuchar el ritmo del corazón. Dios no te llama a sobrevivir el año, sino a caminarlo con un interior ordenado.
Este día es una invitación a detenerte y preguntar con honestidad: ¿qué me está drenando?, ¿qué me está endureciendo?, ¿qué me está robando la paz? Lleva esas respuestas al Señor Jesús sin maquillarlas. Él no se incomoda con tu cansancio; lo recibe y lo sana.
Cuidar el ritmo interior implica poner límites, abrazar el silencio y volver a la verdad bíblica. Cuando el corazón encuentra su ritmo en Dios, la vida deja de sentirse como carga constante. No todo se resuelve de inmediato, pero todo se alinea cuando el interior es atendido.
No ajustes solo lo que haces; cuida quién estás siendo.
La Biblia dice en Proverbios 4:23: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón”. (RV1960).